viernes, 18 de diciembre de 2020

FIDELIDAD ¿SIMPLEZA O COMPLEJIDAD?


La fidelidad nace de la alianza entre dos personas que una vez se dieron espacio en lo más hondo de sus corazones, amándose; como garantía de que ese amor se perpetuaría y sería capaz de superar las adversidades del camino iniciado hacia el Amor eterno, brotó ella con raíces profundas, y decisión tomada.

La fidelidad despierta dinamismos, capacidades, intuiciones, creatividad, da un toque nuevo en la rutina, moviliza todo nuestro ser, nuestras energías en una dirección segura, confiada, simplemente porque está apoyada en ese otro tú contigo, que prometió ser para siempre.

Ella, la fidelidad, me revela mi lugar en la historia, en la mía y en la suya, se hace presencia eficaz, transformadora, liberadora, porque respeta los límites, nos hace colaboradores, co-creadores con Dios en el mismo proyecto, porque de alguna manera estamos unidos por el mismo Manantial.

La fidelidad requiere de un verdadero salto humano con sentido de innovación, llamado Confianza. Este salto de génesis permanente, de historia inacabada, y de aceptación constante, se renueva en la intimidad de la madrugada, donde se abre el corazón a la verdad, a la franqueza, a la donación sin medidas, donde yo permito que un Tu entre y se refleje como un espejo que devuelve una imagen nítida y transparente, porque solo ha bebido de la promesa hecha en aquella alianza.

Cuando se falta a la fidelidad en lugar de vivir en seguridad, se sueltan las dudas, se levanta el dragón de la angustia, se agrieta la tinaja que conservaba el agua fresca de la palabra juramentada, y despunta el destino insólito en cada nuevo amanecer.

La infidelidad es como una dinamita detonada en las entrañas de una persona, en el momento que explota hace metástasis e invade todas sus dimensiones, dejando daño donde quiera que haya caído una monición. Lo sorprendente de esta infección llamada infidelidad es que es signo no de que se ha dejado de amar sino de que nunca se amó como se pensó, hasta el extremo, hasta la plenitud.

La persona que se decide y se esfuerza por ser fiel, necesita de una Fuerza superior a la suya, la de Dios; para superar las atracciones de otros amores y las ofertas de la sociedad. Precisa Su Gracia para trascender el momento presente, y aceptar el riesgo de comprometerse con un futuro común, al que fecundará en la fidelidad del presente. Solo con la ayuda del Espíritu Santo alcanzara esta Fidelidad infinita.
Hna. Lucía Taveras Rivas, FI

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