Esta Semana Santa tuve la oportunidad de vivir la misión en la comunidad de La Lajita, en el Valle de Elías Piña, y regreso con el corazón profundamente agradecido por todo lo que Dios permitió vivir allí.
Fueron días de encuentro con niños, familias y comunidades que nos enseñan que Jesús se hace presente en lo sencillo: en una sonrisa, en una caminata compartida y en cada gesto de servicio.
Uno de los momentos más especiales fue poder decirles a los niños, mientras les colocábamos un pequeño corazón, que eran valiosos para Dios y que Jesús los ama. También me marcó verlos caminar con sus cruces en el viacrucis, recordándome que seguir a Jesús es caminar juntos.
Esta experiencia fue una invitación a vivir el magis: dar más, mirar más, acoger más y servir más. Y descubrí que cuando uno se entrega un poco más, Dios siempre devuelve mucho más.
Ojalá muchos jóvenes puedan animarse a vivir una Semana Santa en misión. Es una experiencia que transforma el corazón.
Jonathan Pimentel


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