Mi misión de Semana Santa 2026 fue una experiencia que me hizo más humana. Esta vez me tocó la comunidad de Plan Café, un lugar hermoso en todo el sentido de la palabra: su gente, sus paisajes, sus piedras, su color, su sol y hasta sus animales transmitían una paz especial. Desde el primer día, las personas nos abrieron las puertas de sus hogares con una calidez que me marcó profundamente. En cada mirada, en cada sonrisa y en su disposición constante, pude sentir a Dios de una manera muy real. Fue una experiencia profundamente conmovedora, especialmente a través de los niños, con quienes tuve la mayor conexión; ellos fueron, sin duda, el regalo más grande que recibí.
Los niños me enseñaron que servir es algo inmenso, pero al mismo tiempo lleno de alegría, amor, satisfacción y compromiso. En Plan Café también pude detenerme a mirar con más profundidad la realidad de cada familia, y entendí que no fue coincidencia estar allí: Dios sabía por qué me envió a ese lugar. Me tocó ser coordinadora de un grupo de cinco misioneros, y lejos de sentirse como una posición de superioridad, fue una oportunidad para formar un equipo unido, donde cada uno aportó lo mejor de sí. Juntos logramos llevar a los niños el verdadero sentido de la Semana Santa, y a través de ellos, Dios llenó nuestros corazones de una forma inesperada. Para mí, Misión 2026 fue una conexión maravillosa con la naturaleza, con las personas, con mi espiritualidad y con la comunidad misionera. Han pasado los días y aún llevo todo esto dentro de mí, compartiéndolo con quienes necesitan recordar lo grande que es amar, servir y acoger, y lo profundamente fraterno que es Dios.
Amanda Adames
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)


No hay comentarios:
Publicar un comentario