martes, 8 de mayo de 2018

TAN LEJOS DE CASA, TAN CERCA DE MÍ

Oscar voluntario dominicano



Disperso de las comodidades, voy navegando en las alegrías sinceras de rostros alimentados de luz y hambrientos del amor humano, del amor divino.

Salí, y mientras me alejaba de casa, me acercaba más a mí, me encontraba en los lugares de un interior olvidado, de un ser que nunca había sido visitado y con el corazón envuelto, saco a flote el pequeño pozo de agua pura, a raíz del intenso contacto con la vida, con la realidad y con el rose del mundo de sentimientos que me brindó la comunidad.

Recibo los abrazos de bienvenida de aquellas hermanas que con todo el deseo, me abrieron las puertas para dejarme entrar a la misión por dos semanas, misión que con entrega incondicional realizan día tras día.

Preparo mi mente, mi cuerpo, y mi espíritu, para poner en las manos de Dios, la llamada del servicio, y la respuesta de poner mis pies en el camino que me conduce a la estrecha puerta de la inmensa necesidad, de aquella comunidad que grita con voz de esperanza.

Amanezco con la certeza de explotar mis ansias, y poner en acción la sobredosis de ayudar, impulsado por la fuerza divina, que mueve el motor de todos mis órganos, y quien dinamiza el espíritu de un cuerpo inquieto como el mío.

Mientras pisaba el terreno de batalla, experimentaba la gracia que sacia mi sed, y la gracia de ir a donde quería llegar. Ese lugar, donde los niños de la comunidad reciben el pan de la enseñanza y el pan que borra las lágrimas de aquellos estómagos diseñados a fuego, a piedra, a lo que aparezca.

¡Cuanta abundancia! Donde no existe nada.

¡Cuantas sonrisas! en tantos cuerpos sufridos

Aquellos niños, me inyectaron la fórmula que me hacía mirar la abundancia de su corazón y la miseria de espacio, que yo tenía para guardar la grandeza de esos pequeños. Es decir, me encontré con aquel YO que buscaba, despertado por el entusiasmo inmedible, de aquellos niños con un corazón que le queda muy grande para su tamaño y muy pequeño para guardar tantos sentimientos.

Si llegaste, es hora de lanzarte y de experimentar. Estos fueron días, en el que pude ir explorando cada rostro, que entre: silencio, vergüenzas y gestos, expresaban ^Mírame estoy aquí^.

Profe!, Oscar!, eran algunas expresiones que resonaban en cada momento, las que me ayudaron a escuchar, a responder, a buscar, a encontrar, a preguntar, a sentir, a imaginar lo hermoso que sería, si en cada segundo estuvieran a alguien que pueda prestarles toda la atención que necesitan.

Algo que me marcó, fue, la forma en la que muchos responden al llamado de hacer la fila para alimentarse. Expresiones, que en los primeros días me preocupaba: ¡No voy a comer! ¡No tengo hambre! ¡No quiero! ¡No me gusta lo que cocinaron!, pero, más tarde me dí cuenta que eran solo palabras divagando en el espacio, porque, en un abrir y cerrar de ojos se sumaban en la fila.

Aquí el amor no tiene forma, no tiene límites de demostrarse. La alegría que dominada mi ser, en el momento de verlos correr los unos a los otros, de verlos jugar dómino, el saltar la cuica, el cantar, bailar cada canción que resonaba en el recreo, para mí fue extraordinario. Me sentí como si fuese un niño en el mundo de la felicidad.

A veces digo “No es tan fácil vivir de la manera en la que ellos viven en medio de la precariedad”. Pero recuerdo, lo difícil de ver, sentir y entender, que muchas veces, nuestra vida está muy lejos de la realidad que nos mostró Jesucristo.

En un solo pie, voy corriendo detrás de aquellas vidas, que no tienen la culpa de existir en el vacío, que todo lo que tienen es “vida”. Pero estoy muy seguro, de que ellos llenan el vacío de muchos que al parecer lo tienen “todo”, pero no tienen “vida”. ¡No son felices!

Ellos son la razón por la quiero caminar descalzo, por la que quiero estar tan lejos de casa, para encontrar la verdadera vida en otras vidas donde está la grandeza de Dios.

Agradezco, el que Dios me haya dado el mejor regalo de cumpleaños!     ¡Estar ahí!
Abrazar, sentir el afecto, sentirme útil, y recibir en las Hermanas de la Congregación Hijas de Jesús, el amor, que profesa el Padre Dios.

¡Cuanta luz! Donde sólo existe sombras

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