lunes, 19 de junio de 2017

DESAFIANTE VOCACIÓN!

Diomaris Tolentino nos comparte su experiencia de Ejercicios Espirituales.

La noche del viernes 2 de junio del presente año inicié una experiencia de Ejercicios Espirituales junto a otras 14 compañeras que, al igual que yo, están en búsqueda de la voluntad de Dios en sus vidas, acompañadas por hermosas mujeres Hijas de Jesús que guiaron esta experiencia de una forma excepcional.

La principal pregunta de esta noche fue: ¿Por qué estoy aquí? ¿para qué? Se nos pidió realizar un dibujo para expresar esto. Yo, que había llegado con deseos de dibujar busqué en mi mente cómo quedaba más bonito: yo en las manos de Dios dispuesta hacer lo que Él quisiera o un barquito pequeñito y frágil pero dispuesto (yo) en el medio del mar (misión) con un sol inmenso que rodeaba todo (Dios). Terminé decidiéndome por el último, pues realmente así me sentía en aquel momento y además era más fácil para dibujarlo. ¡Qué bonito se veía aquello! No había nada más qué buscar, ya había descubierto el sentido de aquella experiencia! 

No quería ver la vocación como un desafío, pero el silencio pronuncia palabras que jamás pensamos escuchar y desata conflictos internos tan aterradores que quieres huir de ti y a la vez tan armoniosos que es imposible no quedarte allí... escuchándote en el silencio.

Bastó llegar al siguiente momento para que aquel barquito, muy dispuesto minutos antes, sintiera que iba a la deriva. Ya quería seguir a Jesús, pero quería ayudarle a discernir un poco a dónde enviarme... ¡Vamos! Era sólo por ayudar, tiene tantas cosas difíciles por hacer este Jesús... ponerme a pensar en mí misma por ejemplo.  A este primer día le llamé: "Desconcierto y despertar de los sueños", pues al cantar "Aquí van mis trabajos y mi fe, mis mates, mis bajones y mis sueños..." sentí renacer los sueños que había sentido pero que, en algún momento de la película de mi vida (no recuerdo cuándo), los había puesto en pausa y empezado a reproducir otro canal. 

¿Qué quieres de mis pies?¿qué quieres de mis manos?¿qué quieres de mis ojos?... ¿Qué quieres de mí? Pues yo, que creía que ya me lo sabía todo, empezaba a sentir que antes de amarle, buscarle, necesitaba sentirme amada, sentirme buscada para entonces buscarme a mí misma y amarme, porque ¿quién puede amar antes de haberse sentido amado y amarse? Podrá sentir otras cosas más, no amor.

"¿Qué quieres que haga por ti?" Me preguntaba Jesús, siempre tan creativo, ya sabía Él lo que yo quería, pero le encanta que le diga las cosas que ya sabe, y bueno: "Que yo vea, que vea mi vida con amor, que por encima de mi querer pueda ver tus deseos en mí, que son mis verdaderos deseos. No quiero seguir pidiendo limosna, mendigando amor..." Al parecer estaba yo bien necesitada, porque de inmediato respondió: "Recobra la vista". Me lo dijo con tanta ternura que aún siento el susurro suave en mis oídos.

Esta nueva vista recibida no fue para ver lo que acontecía en aquel momento. Fue verlo a Él en cada uno de los pasos dados en todo lo largo y ancho de mi historia. Fue un ver "Para dónde salí cuando salí de tus manos" y ver que la respuesta de "hacia dónde iba" era el mismo "De dónde venía"... "En ti estoy, de ti vengo, a ti voy..

Pensaba yo que estaba muy entregada a Dios, siempre dispuesta a todo. Resulta que me había pasado este tiempo en Belén con los pastores, observando sin involucrarme, con una casa con puertas y ventanas entreabiertas, frenando a Dios con mis excusas, siguiendo otras propuestas que no son de su bandera. Sorprendida quedé al ver que mi tipo de respuesta ante la llamada de Jesús era la del Joven Rico.

El desafío de una vocación es la respuesta a la llamada, un sí constante. No es algo de un día, un mes o un año, es cada momento decidirse, optar "...solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados" (EE 12)

Y bueno, ya podrán imaginarse que el domingo, al irme me fui con más preguntas de las que llevé (realmente no había llevado). Y no bastó con darme cuenta de mi situación, sino que ahora cada día debo descubrirme, cuidarme, sentirme amada, para entonces así poder amarme y amar a otros. Y aunque la experiencia me llevó al puerto de donde había salido, ahora me falta remar mar adentro, pero no sin antes arreglar este barquito, que se dio cuenta que tenía muchas piezas descompuestas..

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