jueves, 26 de noviembre de 2015

CARTA ENTRAÑABLE POR LA PASCUA DE VICTORIA MONTARELO


Hoy es un día que nunca vamos a olvidar los velasqueños y velasqueñas que tuvimos el inmenso honor de conocer y convivir con la Hna. Victoria Montarelo, Hija de Jesús. Partió, “salió a prisa”, al encuentro con el Padre, nuestra querida Vito, como cariñosamente le decíamos algunos.
  Aquella mujer, llegó a Velasco por aquellos tiempos del “Período Especial” y poco a poco, fue tocando a la misma vez, las puertas de nuestras casas y las de nuestro corazón. Desgastó sandalias por calles y caminos, llegó a todos los rincones de Velasco, sus callejones y veredas, con una sonrisa grande y una energía aún mayor. Su voz,  según ella, “ya fatal”, nos enseñó a cantar, a unos cuantos a tocar instrumentos musicales, me gustaba mucho cuando la escuchaba en la flauta. Trajo con ella un mundo de enseñanzas y lo plantó en nuestras vidas, ahí están las mujeres de los talleres que entre agujetas, hilos y semillas bordan un camino diferente con el mismo destino: “Jesús”.
   Vivió como la gente común, para la gente y por la gente. Organizó y nos enseñó haciendo; colectas, ferias, proyectos de caritas para ayudar a los más necesitados o a los que afectados por los ciclones quedaron sin techo, cama o comida. Al lado de todos en los momentos más difíciles o de dolor familiar, que hacía suyos al ser nuestro. Al servicio de los presos, sin importar cual fuera la causa, en la pastoral penitenciaria acompañaba a los familiares, les escribía cartas, enviaba revistas y visitaba e incluso se realizaron ayunos para poder ayudarles económicamente , en tanto, motivaba a otros a este servicio.
  Piedra del Indio es un rincón de Velasco que estaba fuera del mapa hasta que Dios quiso que lo conociera Victoria. Hoy todo el mundo ha ido y sabe de su labor allí, evangelizando y humanizando a los que en “la Piedra”, se dejaron tocar por Dios, ah, lo más importante, sin buscar o reclamar protagonismo “sirviendo para mejor amar a Dios”. Hoy son una comunidad que crece y da testimonio. Allí las Hijas de Jesús sembraron una mata de mangos cuando se bendijo su capilla, en recuerdo a ella y como signo de que las frutas no siempre las recoge quien la siembra, en esto de la fe, me queda algo muy claro, la obra es de Dios.  
  Otro mundo que conoció y se dejó conocer por ella, fue el de la cultura, disfrutó más que todo, de nuestras costumbres y tradiciones, de nuestra música, de nuestros ritmos, vivió como cubana…cuantas veladas, obras de teatro, cubanísimas fiestas patronales, a las que invitó a artistas que solo cantaban con una vieja guitarra en sus guateques familiares y los unió con artistas de la Casa de Cultura de Velasco, en tanto gozaba bailando y contagiando alegría.¡ Cuánta energía le ponía a que cantáramos bien! Ah y que enojo por la nota a la que no llegábamos, del Cantoral Cuba canta su Fe nos enseñó letra a letra “no se puede repetir” y ahí dale que dale hasta que a sus oídos complacidos le decían que estaba bien.
  Austera y creativa, eternamente joven, feminista por demás, la sola alusión de un chiste que discriminara a la mujer bastaba para enojarla y mucho… Y hablando de enojos, algunos tuvimos también, más de un fuerte regaño me llevé, pero nunca nos separaron, ni dañaron nuestra amistad, mucho menos nuestra relación con Dios. Espontánea y explosiva ante lo injusto, nos hizo ver las cosas diferentes en el mundo que nos rodea.
    A mí me enseñó con su Vida el ¿Cómo? Amar a Dios, a “multiplicar los talentos” y a compartir tareas, a amar la Eucaristía y a preparar esa “Fiesta”, a estudiar la liturgia, a escribir algo y esforzarme más, a ser fiel, a volver a buscar el camino cuando me desvié del correcto, y aunque “no tenia oído para el canto” aprendí a valorarlo y a disfrutarlo. Me enseñó a decir lo que pienso, aunque implique consecuencias, a pedir perdón también, a defender a las mujeres, a buscar el bien común, a servir a la gente hasta que duela, a querer a los hermanos separados, y me quedan de ella dos imágenes, la primera, en el portal de la casa de mis abuelos en Recreo, mi abuelo enfermo de Parkinson y Ataxia se lamenta de que ya no puede caminar y ella le dice: “ale ale Benito pero podemos charlar”, ése optimismo y la mirada en lo positivo me invitan a crecer y la otra, cuando la cruzaba en el camino, yo al trabajo para el policlínico a la 1:30 de la tarde y ella a pie para la Piedra del Indio, solo con una visera y un bolso de mano, que ella misma le enseñara a alguna de la tercera edad a bordar,  y con aquella expresión del rostro mueve la cabeza en señal de negación y me dice en su estilo cuando le reprocho por salir bajo aquel sol : “ nada, nada, no pasa nada, cada una a lo suyo”, la vocación específica de cada cristiano tiene que definir su vida.
 En un correo, poco después de irse, me escribió “Salí de Velasco sin tiempo para despedidas, traje mis huesos para Salamanca pero el alma la dejé en Cuba”
  Amó Cuba hasta la médula de sus huesos donde la enfermedad más dolía y como si eso le diera fuerzas sirvió a la Iglesia con más pasión. La vamos a extrañar por aquí por mucho tiempo, tal vez algún día nos encontremos y podamos cantar juntas a la voz de: ¡canto 106!      
                                                     “Felicidad de vivir en tu casa
                                                      Y de alabarte por toda la vida
                                                          Qué bueno es estar en tu casa, Aleluya.            
                                                           Padre mío y Dios mío, Aleluya,
                                                          Cuánto anhela mi alma, Aleluya,
                                                          Y que ardiente desea, Aleluya,
                                                         Habitar en tu templo, Aleluya,
                                                        Todo me alegro en ti, Señor…”
                            Barbarita Igarza

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